"Lady in red" desde su teléfono; 14% de batería.
Fuma con parsimonia, con un dejo de apatía que presagia el oscuro abismo.
No hay por qué esperar más. Tan sólo dar una pitada tras otra sumergida en el silencio de una ciudad en sueños, bajo la atenta mirada de las estrellas, quienes la aguardan, impacientes, refulgentes.
Una pitada más. Cierra los ojos un instante, en el que su cuerpo se empaña de caricias olvidadas, de besos desaparecidos. Su recuerdo la hace sonreír, aunque sea por un instante. Sí, tal vez le deba una sonrisa a su memoria antes de saltar.
Inhala el humo y se llena de satisfacción y valor. Abre los ojos. Ya es hora.
No se preocupa por apagar su cigarrillo: simplemente lo arroja al vacío; lo podrá apagar en un momento.
Se incorpora. "Lady in red" se va acabando. Camina, hipnotizada. Los barrotes del balcón la llaman susurrantes: no quieren develar su secreto. Ya lo harán por la mañana.
Camina, cautivada por el averno que la espera, allí no más. A tan sólo dos pasos.
Uno, sus dedos acariciándole las mejillas. Dos, sus labios rozándole los muslos. Tres, una mano en su espalda.
Da media vuelta: él le sonríe desde su lugar, invitándola a acercarse; no es demasiado tarde.
Ella se deja envolver en sus brazos mientras él le acaricia el pelo y le dice que todo va a estar bien. Ella cierra los ojos y lo abraza.
Al abrirlos, suena "Lady in red" desde su teléfono. 14% de batería. Enciende un cigarrillo. La ciudad está dormida. No hay por qué esperar más. Tan sólo una pitada tras otra, que la llenan de satisfacción y valor. Las estrellas la aguardan, impacientes. Ha llegado la hora.